Comentario sobre DyC 8

/ Doctrina y Convenios 8 / Comentario

Encuentre comentarios útiles sobre los versículos que aparecen a continuación para comprender mejor el mensaje de esta revelación.

1-5

Casey Paul Griffiths (Académico SUD)

En los versículos 1-5, el Señor describe las características básico que se deben de poseer para que una persona reciba una revelación, específicamente habla de la fe, un corazón honesto y el creer que el Señor responderá. En la revelación registrada en la sección 8, el Señor declara múltiples dones que se le otorgaron a Oliver, el primero fue el de la revelación. La revelación puede llegar de diversas formas, y al decirle a Oliver que la recibirá en su mente y en su corazón, el Señor sugiere dos de las principales formas de revelación: a través del intelecto y a través de las emociones. Alguna vez, José Smith describió la revelación como “cuando [sientes] que la inteligencia pura fluye en [ustedes], podrá repentinamente despertar en [ustedes] una corriente de ideas, de manera que por atenderlo, [verán] que se cumplen el mismo día o poco después”[1].

 

Si bien la revelación puede surgir como un flujo de ideas, también se puede experimentar a través de sentimientos, como la paz que Oliver sintió cuando recibió su primer testimonio (DyC 6:23). Al mismo tiempo, debemos reconocer que el Señor no busca limitar nuestra concepción de la revelación a meras ideas o emociones. Más bien, busca ayudarnos a comprender que la revelación se puede presentar de diversas formas. Puede manifestarse a través de una voz apacible y delicada (1 Reyes 19:12), a través de las palabras de líderes que fueron inspirados, por medio del arte estimulante, o a través de platicas motivadoras con amigos de confianza. La revelación puede brindar soluciones poco convencionales a los problemas, como cuando Moisés fue inspirado para guiar a los hijos de Israel a través del Mar Rojo en tierra seca. En una revelación posterior a José Smith, el Señor compara el flujo de la revelación con el del río Misuri, uno de los cursos de agua más grandes y majestuosos de América del Norte (DyC 121:33). La revelación dada por Dios siempre se encuentra fluyendo; la clave para nosotros es simplemente aprender a reconocerla cuando esta llega.

 

[1] JS History, vol. C-1, 9, JSP.

(El minuto de Doctrina y Convenios)

6-12

Casey Paul Griffiths (Académico SUD)

En la primera versión de la revelación se le dice a Oliver que su segundo don es “obrar con el vástago”[1]. Mientras la revelación se preparaba para su publicación, “el vástago” fue cambiado por “la vara” y finalmente se publicó en el Libro de los Mandamientos como la “vara de la naturaleza”[2]. Los eruditos han especulado que Oliver pudo haber usado varas de adivinación para localizar agua o minerales. De la misma forma en la que José utilizó las piedras videntes, el uso de varas de adivinación era una práctica común en la cultura en la que ambos hombres crecieron. La revelación confirmó que este don era de parte de Dios y es utilizado como un ejemplo del potencial de Oliver para ser un receptáculo de la revelación divina.

Cuando se publicó Doctrina y Convenios en 1835, la frase “vara de la naturaleza” se cambió por “el don de Aarón”, y desde entonces ha permanecido de esta forma[3]. Este cambio de redacción es otro ejemplo de la enseñanza del Señor de que Él le habla a Sus “siervos en su debilidad, según su manera de hablar, para que alcanzasen entendimiento” (DyC 1:24). En este caso, el Señor les habló a José y Oliver, dándoles revelaciones a través del mundo de la magia popular en el que fueron criados, guiándolos de forma gradual y suave hacía un mundo de experiencia religiosa más universal.

La promesa que el Señor le hizo a Oliver sobre “el don de Aarón” se cumplió de diversas formas en los siguientes años. Oliver estuvo presente en algunos puntos críticos, como en la restauración del sacerdocio de Aarón y de Melquisedec, la organización de la Iglesia y durante la visita de Jesucristo, Elías, Moisés y Elías al Templo de Kirtland. Como portavoz de la Iglesia, Oliver pronunció el primer discurso público de la Iglesia el 11 de abril de 1830 ante un gran número de personas[4]. Oliver también actuó como portavoz al entregar el cargo al Quórum de los Doce Apóstoles[5].

 

[1] Revelation, abril de 1828-B, pág. 13.

[2] Véase Revelation 1, pág. 13; Libro de los Mandamientos, 1833, pág. 19.

[3] Doctrina y Convenios, 1835, pág. 161.

[4] History, 1838–1856, vol. A-1, 39.

[5] Minute Book 1, pág. 155.

(El minuto de Doctrina y Convenios)